Como vengo desarrollando a lo largo de este blog, muchas veces enfermamos por alejarnos de nuestra esencia animal.

Somos animales con necesidades animales.

La comida que ingerimos, la forma en la que descansamos, cómo nos exponemos al entorno o la necesidad de movimiento forman parte de un sistema diseñado genéticamente para sobrevivir.

La evolución nos ha llevado a una sociedad mucho más segura donde la supervivencia, en el concepto animal, prácticamente ha desaparecido.

Ya no necesitamos correr para salvar la vida, trepar, cargar peso o incluso pelearnos. Aligeramos nuestras cargas, automatizamos tareas y facilitamos todo para evitar el esfuerzo.

Pero todo eso tiene consecuencias.

La pérdida de masa muscular, capacidad cardiovascular y resistencia física alcanza niveles nunca vistos. Probablemente somos una de las generaciones más sedentarias y físicamente frágiles de la historia.

¿Qué consecuencias tiene la falta de movimiento y esfuerzo en nuestro cuerpo?

Pérdida de masa muscular

Una de las primeras consecuencias del sedentarismo es la pérdida de masa muscular.

Y el músculo no tiene únicamente una función estética.

Es uno de los tejidos más importantes para mantener la salud del cuerpo.

La pérdida de masa muscular genera importantes alteraciones metabólicas:

  • Peor regulación de la glucosa en sangre
  • Mayor resistencia a la insulina
  • Más tendencia a diabetes tipo 2
  • Disminución del gasto metabólico basal
  • Mayor facilidad para acumular grasa corporal
  • Peor regulación hormonal
  • Más inflamación sistémica
  • Mayor sensación de fatiga

El músculo consume gran cantidad de energía incluso en reposo. Cuando perdemos masa muscular, el cuerpo necesita menos energía para funcionar y aparece una mayor tendencia al aumento de peso y al cansancio.

👉 Tener músculo no es solo fuerza.
👉 Tener músculo es salud metabólica.

Rigidez y pérdida de movilidad

La vida cómoda ha reducido enormemente la variedad de movimientos que realizamos.

Ya casi no necesitamos:

  • Agacharnos profundamente
  • Sentarnos en el suelo
  • Alcanzar objetos altos
  • Trepar
  • Cargar peso
  • Mantener equilibrio en superficies inestables

Las sillas, ascensores y comodidades modernas limitan constantemente los rangos de movimiento naturales del cuerpo.

El resultado es un cuerpo más rígido, menos adaptable y más sensible al dolor.

👉 Lo que no se mueve, pierde movilidad.

Problemas de circulación y peor nutrición de los tejidos

El movimiento es imprescindible para la circulación.

Parte del retorno venoso de las piernas depende directamente del bombeo muscular, especialmente de músculos como los gemelos.

Cuando nos movemos poco:

  • La circulación empeora
  • Los tejidos reciben menos oxígeno
  • Se reduce el aporte de nutrientes
  • El cuerpo elimina peor sustancias de desecho

El ejercicio mejora la vascularización de todo el organismo y ayuda a mantener tejidos más sanos y funcionales.

Un cuerpo débil es un cuerpo cansado

Nuestro cuerpo está diseñado para adaptarse al entorno.

Si hacemos poco, desarrolla poco.

El organismo intenta ahorrar energía constantemente. Si el entorno no requiere fuerza, resistencia o capacidad física, el cuerpo deja de invertir recursos en mantenerlas.

El problema aparece cuando, de repente, necesitamos hacer un esfuerzo ligeramente superior:

  • Subir unas escaleras
  • Cargar bolsas
  • Caminar más de lo habitual
  • Jugar con nuestros hijos
  • Mantener una postura durante horas

Entonces aparece la fatiga.

No porque el cuerpo esté roto, sino porque ha dejado de estar preparado para responder a esas demandas.

👉 El sedentarismo no descansa al cuerpo.
👉 Lo desentrena.

El gran error moderno: relacionar ejercicio con lesión

Una de las ideas que más ha empeorado la salud de la población es la asociación entre ejercicio y daño.

Muchas personas tienen miedo a entrenar porque creen que el ejercicio desgasta el cuerpo o aumenta el riesgo de lesión.

Sin embargo, la realidad que vemos cada día en consulta suele ser justo la contraria.

👉 La mayoría de los pacientes no se lesionan por entrenar demasiado.
👉 Se lesionan porque su cuerpo no está preparado para las cargas del día a día.

El cuerpo humano necesita exposición progresiva al esfuerzo para fortalecerse.

Cuando entrenamos, el organismo se adapta:

  • aumenta fuerza
  • mejora coordinación
  • mejora equilibrio
  • mejora resistencia
  • mejora capacidad cardiovascular
  • mejora tolerancia de músculos, tendones y articulaciones a la carga

Esto hace que el cuerpo sea mucho más resistente frente a las exigencias cotidianas.

Un ejemplo sencillo:

👉 Si durante el entrenamiento tu cuerpo está acostumbrado a mover 10 kg, cargar una bolsa de 5 kg difícilmente supondrá un problema.

El ejercicio prepara al cuerpo para vivir.

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El ejercicio reduce el riesgo de lesión y enfermedad

Lejos de ser peligroso, el ejercicio físico es probablemente una de las herramientas más potentes de prevención que existen.

La actividad física regular se relaciona con menor incidencia de:

  • Diabetes tipo 2
  • Enfermedad cardiovascular
  • Hipertensión
  • Osteoporosis
  • Fragilidad en edades avanzadas
  • Ansiedad y depresión
  • Dolor lumbar crónico
  • Algunos tipos de cáncer
  • Enfermedades neurodegenerativas

Además, un cuerpo fuerte y entrenado tolera mejor los esfuerzos y reduce enormemente la probabilidad de lesión.

👉 El problema no suele ser moverse demasiado.
👉 El problema suele ser no haberse movido lo suficiente.

Entonces, ¿debo hacer ejercicio si ya tengo dolor?

En la mayoría de los casos, la respuesta es claramente sí.

Las situaciones en las que se recomienda reposo absoluto son mucho menos frecuentes de lo que pensamos.

Principalmente:

  • fracturas
  • lesiones estructurales graves
  • fases muy concretas de ciertas patologías

Y aun así, incluso en estos casos, el reposo suele ser parcial y temporal.

La mayoría de los dolores musculares y articulares mejoran cuando el cuerpo vuelve a moverse progresivamente.

👉 El movimiento bien dosificado suele ayudar más al cuerpo que el reposo prolongado.

¿Cómo debe ser el ejercicio cuando tengo dolor?

Aquí es importante comprender que hacer ejercicio con dolor no significa ignorar al cuerpo ni forzarlo.

La clave está en escuchar y adaptarse.

1. Comenzar con cargas pequeñas

El objetivo inicial no es rendir.

Es recuperar capacidad de movimiento sin generar una sobrecarga excesiva.

2. Buscar molestias tolerables, no dolor intenso

El ejercicio debe realizarse dentro de un rango razonable de síntomas.

Molestias leves o sensación de trabajo pueden ser normales.

👉 Dolor intenso o empeoramiento importante indican que la carga fue excesiva.

3. Si el dolor aumenta después, reduce la carga pero no pares

Muchas personas abandonan completamente el movimiento al aparecer molestias.

Sin embargo, normalmente lo adecuado es:

  • reducir intensidad
  • reducir volumen
  • adaptar ejercicios

Pero seguir moviéndose.

👉 El cuerpo necesita estímulo para recuperarse.

4. El entrenamiento debe ser global

Uno de los errores más frecuentes es entrenar únicamente la zona dolorosa.

El cuerpo funciona como un sistema integrado.

Los músculos y articulaciones trabajan en cadenas musculares y biomecánicas complejas.

Por eso, la recuperación no debe centrarse solo en “donde duele”, sino en devolver equilibrio y capacidad de movimiento al cuerpo completo.

Ejercicio y sistema nervioso: el cuerpo necesita movimiento para sentirse seguro

Cuando pensamos en ejercicio solemos imaginar músculos, fuerza o estética.

Pero uno de los sistemas que más cambia con el movimiento es el sistema nervioso.

Como comentábamos en la noticia sobre estrés y dolor corporal, el cuerpo funciona constantemente valorando si está en una situación de seguridad o de amenaza.

El problema es que la vida moderna nos mantiene muchas veces en estados de alerta continuos:

  • estrés laboral
  • problemas económicos
  • falta de descanso
  • exceso de pantallas
  • sedentarismo
  • aislamiento social

Todo esto favorece la activación mantenida del sistema nervioso simpático, el famoso sistema de “ataque o huida”.

👉 Y un cuerpo en alerta es un cuerpo en tensión.

Los músculos se tensan, la respiración se vuelve más superficial, el sistema digestivo funciona peor y el cuerpo entra en un estado de vigilancia constante.

Aquí el ejercicio físico tiene un papel fundamental.

El movimiento ayuda al sistema nervioso a regularse.

Cuando entrenamos de manera adecuada:

  • reducimos tensión acumulada
  • mejoramos la regulación hormonal
  • descargamos energía acumulada
  • mejoramos la respiración
  • aumentamos sensación de capacidad y seguridad corporal

👉 El cuerpo entiende que está preparado para afrontar el entorno.

Y eso cambia completamente cómo funciona el sistema nervioso.

El ejercicio como regulador del dolor

Muchos dolores persistentes no dependen únicamente de una lesión estructural.

Dependen también de cómo el sistema nervioso interpreta y gestiona las señales del cuerpo.

Cuando llevamos mucho tiempo con dolor, miedo al movimiento o estrés mantenido, el sistema nervioso puede entrar en un estado de hipersensibilidad.

👉 El cuerpo se vuelve excesivamente protector.

Movimientos normales comienzan a sentirse peligrosos aunque los tejidos estén preparados para soportarlos.

El ejercicio progresivo ayuda a romper ese círculo.

No porque “ignoremos el dolor”, sino porque el movimiento bien adaptado le enseña al cerebro que el cuerpo sigue siendo capaz, fuerte y funcional.

👉 El movimiento devuelve confianza al sistema.

Por eso, muchas veces, el ejercicio no solo mejora músculos y articulaciones.

También reduce la sensibilidad del sistema nervioso y disminuye la percepción de dolor.

Ejercicio y salud mental

El ejercicio físico tiene un impacto enorme sobre la salud emocional.

No solo por cambios químicos y hormonales, sino porque devuelve algo fundamental:

👉 sensación de capacidad.

Cuando el cuerpo está cansado, débil o dolorido, muchas personas sienten que cada vez pueden hacer menos cosas.

El ejercicio progresivo cambia esa percepción.

Poco a poco aparecen:

  • más energía
  • más tolerancia al esfuerzo
  • mejor descanso
  • más claridad mental
  • mejor estado de ánimo

Además, el movimiento ayuda a regular sistemas profundamente relacionados con nuestra salud emocional:

  • respiración
  • sueño
  • tensión muscular
  • regulación hormonal
  • sistema nervioso autónomo

Desde un punto de vista evolutivo, el cuerpo espera movimiento para funcionar correctamente.

El sedentarismo prolongado genera una sensación constante de estancamiento físico y mental.

Moverse no resuelve todos los problemas emocionales, pero muchas veces ayuda enormemente a que el cuerpo salga de ese estado de bloqueo y alerta constante.

El movimiento también es información para el cerebro

El cerebro necesita estímulos físicos para mantenerse sano.

Cada vez que nos movemos:

  • activamos propiocepción
  • entrenamos equilibrio
  • mejoramos coordinación
  • aumentamos conexiones neuronales

El cuerpo no separa movimiento y cerebro.

Funcionan juntos.

Por eso el ejercicio también se relaciona con:

  • menor deterioro cognitivo
  • menor riesgo de Alzheimer
  • mejor memoria
  • mayor capacidad de concentración

👉 Un cuerpo activo ayuda a mantener un cerebro activo.

El ejercicio no es opcional para el cuerpo

Quizá el ejercicio físico no sea simplemente una herramienta para mejorar el aspecto físico.

Quizá sea una necesidad biológica básica.

El cuerpo humano está diseñado para moverse, adaptarse y responder al entorno.

Cuando dejamos de hacerlo aparecen:

  • debilidad
  • dolor
  • fatiga
  • pérdida de capacidad física y mental

El movimiento no es el enemigo del cuerpo.

Es una de las principales herramientas que tiene para mantenerse sano.

En Phitec entendemos el ejercicio como parte fundamental de la recuperación

Desde la fisioterapia y la osteopatía buscamos ayudar al cuerpo a recuperar movimiento, capacidad y adaptación.

El tratamiento manual puede ser un impulso inicial, pero el movimiento y el ejercicio son fundamentales para lograr cambios duraderos y una recuperación real.

👉 Un cuerpo fuerte, adaptable y entrenado suele ser un cuerpo con menos dolor y más salud.

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