Cuando hablamos de lumbalgia, muchas veces pensamos automáticamente en músculos, discos o posturas. Pero la realidad es más compleja.
No todas las lumbalgias tienen un origen puramente mecánico.
Algunas pueden estar relacionadas con el sistema urinario, y entender esta relación puede cambiar completamente el enfoque del tratamiento.

¿Cuál es el origen de mi lumbalgia?
El término “lumbalgia” no es un diagnóstico en sí mismo. Significa simplemente dolor en la zona lumbar.
Pero la pregunta importante es otra:
¿Por qué me duele la zona lumbar?
Las causas pueden ser múltiples y, en la mayoría de los casos, no hay una única razón:
- Debilidad muscular
- Falta de movimiento o posturas mantenidas
- Problemas discales
- Alteraciones del suelo pélvico
- Problemas viscerales (como los urinarios)
Identificar el origen real —o la combinación de causas— es clave para elegir un tratamiento eficaz.
Anatomía lumbo-pélvica: donde todo se conecta
La zona lumbar está formada por 5 vértebras, sus discos y un sistema de músculos y ligamentos que mantienen el equilibrio del cuerpo.
La pelvis, por su parte, alberga órganos importantes:
- Vejiga (sistema urinario)
- Útero y ovarios (en mujeres)
- Parte del sistema digestivo
Estos órganos no “flotan”. Están conectados al sistema musculoesquelético mediante fascias, ligamentos y estructuras de sostén.
Esto significa que cualquier irritación visceral puede tener repercusión directa sobre la musculatura.
Además, los nervios que salen de la columna lumbar controlan tanto músculos como vísceras. Esto genera una conexión directa entre ambos sistemas.
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¿Dolor mecánico o dolor visceral?
Tradicionalmente se separan:
- Dolor mecánico: cambia con el movimiento
- Dolor visceral (funcional): no depende del movimiento
Pero esta separación es demasiado simple.
Desde un enfoque global, ambos pueden coexistir.
Por ejemplo:
Una irritación de la vejiga puede activar los nervios que también controlan la musculatura lumbar, generando contracturas y dolor al movimiento.
👉 Resultado: dolor mecánico… con origen visceral.
Infecciones de orina: una causa frecuente y poco detectada
Las infecciones urinarias (cistitis) suelen asociarse a:
- Ardor al orinar
- Frecuencia urinaria
- Sensación de no vaciado
Pero no siempre aparecen estos síntomas.
Y aquí está el problema.
Muchas lumbalgias de origen urinario pasan desapercibidas porque se diagnostican como mecánicas.
¿Cómo suelen ser estas lumbalgias?
- Aparición brusca, sin gran esfuerzo previo
- Dolor intenso que limita el movimiento
- No mejoran con antiinflamatorios
- No responden bien a fisioterapia inicial
- Mejoran claramente tras tratamiento antibiótico
En casos más avanzados, la infección puede ascender (pielonefritis), aumentando el riesgo para el paciente.
Además, la irritación de los uréteres puede generar tensión en los psoas, intensificando la lumbalgia y confundiendo aún más el diagnóstico.
Cólicos nefríticos y lumbalgia
En los cólicos nefríticos, la presencia de una piedra o arenilla irrita todo el sistema urinario.
A su paso por los uréteres, esta irritación se transmite a través de las fascias hacia la el psoas aunque, por inervación, también se suelen ver afectados músculos como:
- Cuadrado lumbar
- Musculatura abdominal
- Musculatura pélvica, especialmente piramidal
- Musculatura de miembros inferiores
Esto puede provocar:
- Aumento de la lordosis lumbar
- Contracturas intensas
- Dolor lumbar o incluso ciática
Si existe un problema discal previo, los síntomas pueden intensificarse notablemente.
Secuelas tras la patología urinaria
Aunque la infección o el cólico se resuelvan, el sistema no siempre vuelve a la normalidad inmediatamente.
Pueden quedar:
- Tensiones musculares persistentes
- Alteraciones posturales
- Sensibilización del sistema nervioso
- Episodios recurrentes de dolor sin causa aparente
Esto explica por qué algunos pacientes siguen con dolor lumbar incluso después de haber “curado” la patología urinaria.
¿Cómo se tratan estas lumbalgias?
1. Tratamiento médico (fase inicial)
Es fundamental tratar primero la causa:
- Infecciones → valoración médica y posible antibiótico
- Cólico nefrítico → control del dolor y eliminación de la litiasis
Es importante usar antibióticos con criterio, ya que su abuso puede generar resistencias y alterar la microbiota.
2. Tratamiento desde la fisioterapia y la osteopatía
Una vez resuelta la fase médica, el abordaje osteopático puede ser clave.
El tratamiento se orienta a:
- Movilizar vejiga y uréteres
- Liberar tensiones fasciales
- Relajar musculatura reactiva (psoas, cuadrado lumbar, piramidal)
- Recuperar movilidad lumbar y sacroilíaca
Siempre desde un enfoque global, no solo local.
Checklist: ¿Podría tu lumbalgia tener origen visceral?
- Dolor lumbar de aparición brusca
- Sin esfuerzo claro que lo justifique
- No mejora con antiinflamatorios
- No responde a tratamiento convencional
- Antecedentes de infección urinaria o cólico renal
- Sensación de rigidez profunda y persistente
Si te identificas con varios de estos puntos, puede ser interesante valorar un origen no solo mecánico.
Conclusión: no todo dolor lumbar viene de la espalda
El cuerpo funciona como un sistema interconectado.
Las vísceras, el sistema nervioso y la musculatura trabajan juntos. Cuando uno se altera, el resto responde.
Entender esta relación permite abordar el problema desde su origen y no solo tratar el síntoma.
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Porque, a veces, el dolor de espalda… no empieza en la espalda.









