Origen mecánico. Es el más habitual y el que solemos relacionar directamente con las cervicales. Puede estar asociado a sobrecargas musculares, tensiones de las fascias, pérdida de movilidad de las articulaciones vertebrales, alteraciones discales, traumatismos o posturas mantenidas durante mucho tiempo.
Tensiones viscerales. Desde el enfoque osteopático también se valora la relación existente entre las vísceras y otras estructuras del cuerpo a través de sus conexiones fasciales, neurológicas y anatómicas. Pulmones, estómago, esófago o las estructuras relacionadas con el corazón, entre otros, mantienen conexiones con tejidos y regiones que pueden influir en determinados patrones de tensión.
La osteopatía visceral utiliza técnicas manuales suaves destinadas a trabajar la movilidad y las tensiones de los tejidos relacionados con estas estructuras, siempre después de una valoración individualizada. Esto no significa que una cervicalgia indique que exista una enfermedad en un órgano, ni que el tratamiento osteopático sustituya al tratamiento médico de una patología visceral.
Tensiones craneales y mandibulares. El cráneo, sus membranas, la musculatura cervical y la mandíbula mantienen una estrecha relación anatómica y funcional. El bruxismo, las alteraciones de la articulación temporomandibular (ATM) o determinadas tensiones de la musculatura de la cabeza y el cuello pueden contribuir a mantener las molestias cervicales.
También debemos tener en cuenta otros factores como el estrés, el descanso, la actividad física y nuestros hábitos diarios. Un estado mantenido de tensión puede favorecer el aumento del tono muscular y contribuir a que determinadas molestias persistan.
Por eso, ante una cervicalgia, no siempre basta con tratar únicamente el punto donde duele. En Phitec realizamos una valoración global para intentar comprender qué estructuras y factores pueden estar participando en cada caso y adaptar el tratamiento a cada persona.




